Los métodos que se utilizan para la fabricación de los perfumes son diferentes según sea el componente principal.

Los aceites esenciales son la base de muchos perfumes, pero en la actualidad muchos de estos aceite se producen de forma artificial, en un laboratorio, con moléculas de olor. No obstante, las marcas de perfumes más exclusivas siguen utilizando para sus creaciones flores y plantas.

Las cualidades olfativas tanto de flores como de plantas dependen de factores muy concretos como es el caso del momento de la recolección. Es el caso del jazmín, una flor que debe recogerse al amanecer, antes de que pierda su olor durante el día.

El proceso debe ser seguido minuciosamente, ya que cada planta o flor debe tener un tipo de cuidados concretos. En el caso del jazmín, tras la recogida de la flor al amanecer se continúa con los siguientes pasos:

  • Las flores se ponen a macerar en un disolvente, que puede ser etanol o metanol. La finalidad es diluir las ceras y las esencias de la planta. Se mantiene en el disolvente hasta que éste se evapore dejando una especie de pasta denominada concreto.
  • El concreto se disuelve en alcohol y se destila, dando como resultado la esencia pura de la planta, un líquido espeso denominado el absoluto. Una curiosidad es que para conseguir un kilo de este líquido espeso, se necesitan entre dos y cuatro toneladas de flores.
  • A continuación está el perfumista, también conocido por nariz de la fragancia, que comienza a combinar cientos de fragancias para conseguir el perfume que busca. El resultado dependerá de la capacidad del perfumista de combinar de manera armoniosa las notas aromáticas.

Un proceso lento pero muy bonito, ya que es todo un arte saber combinar unas notas con otras partiendo de una base y llegando a un resultado muy variado.